La coordinadora del Partido del Trabajo Puebla, Liz Sánchez, reveló que su hermana Karen Sánchez será coordinadora distrital en San Martín Texmelucan, además de señalar que tanto ella como su otro hermano, Alejandro Sánchez —actual regidor en Ayuntamiento de Atlixco— podrían aspirar a futuras candidaturas.
Las declaraciones rápidamente desataron críticas en redes sociales y entre actores políticos, quienes cuestionaron la congruencia del discurso oficialista contra el nepotismo y el uso de cargos públicos para impulsar estructuras familiares dentro de los partidos.
El caso revive uno de los temas más sensibles para la llamada cuarta transformación: la promesa de terminar con las viejas prácticas políticas, entre ellas el reparto de posiciones entre familiares y círculos cercanos al poder.
Aunque desde el oficialismo suelen defender estos nombramientos bajo el argumento de “trayectoria” o “derecho a participar”, críticos consideran que este tipo de decisiones fortalecen redes de control político familiar y contradicen el discurso de renovación que Morena y sus aliados han promovido durante años.
La polémica ocurre además en un contexto donde la presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido públicamente en combatir el nepotismo y evitar candidaturas heredadas dentro del movimiento.
Para sectores opositores, casos como el de Puebla muestran que, pese al discurso anticorrupción y de austeridad, las prácticas de compadrazgo y promoción familiar siguen plenamente vigentes dentro de la clase política mexicana.







