La tensión política entre oposición y oficialismo volvió a subir de tono luego de que dirigentes y voces del PRI lanzaran un mensaje directo contra la presidenta Claudia Sheinbaum, asegurando que no tienen “miedo ni a las amenazas ni a la persecución”.
En el posicionamiento, el partido tricolor acusó a Morena de tener presuntos vínculos y complicidades con grupos del crimen organizado, afirmando que seguirán señalando “de frente a los narcopolíticos” del movimiento oficialista.
Las declaraciones reflejan el nivel de polarización que domina actualmente el escenario político mexicano, donde las acusaciones relacionadas con narcotráfico y crimen organizado se han convertido en armas recurrentes entre gobierno y oposición.
Mientras Morena sostiene que estos señalamientos forman parte de una campaña de desgaste político impulsada por partidos tradicionales, desde el PRI y otros sectores opositores insisten en que el gobierno federal evita responder de fondo a las sospechas y controversias que rodean a diversos actores políticos oficialistas.
El choque también deja ver cómo el debate público ha entrado en una fase cada vez más agresiva, donde términos como “persecución”, “narcopolítica” y “complicidad” ya forman parte cotidiana del discurso político nacional.
Paradójicamente, el PRI —partido históricamente señalado durante décadas por corrupción y viejas estructuras de poder— ahora intenta posicionarse como uno de los principales críticos del oficialismo en materia de seguridad y presuntos vínculos criminales, alimentando una confrontación donde nadie parece dispuesto a bajar el tono.








