El coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, rechazó tajantemente los señalamientos sobre presuntos vínculos entre el partido oficialista y el crimen organizado, calificando como “una tontería” la posibilidad de que Morena pudiera ser señalado o catalogado como una organización terrorista.
Las declaraciones surgen en medio del clima de confrontación política que domina el país, donde sectores opositores y voces críticas han intensificado los ataques contra el movimiento gobernante utilizando acusaciones relacionadas con narcotráfico, crimen organizado y supuestas redes de protección política.
Monreal aseguró que ese tipo de narrativas buscan desacreditar a Morena y alimentar una campaña de polarización extrema, especialmente rumbo a los próximos procesos electorales y ante el fortalecimiento político del oficialismo.
Sin embargo, el hecho de que dirigentes morenistas tengan que salir públicamente a responder este tipo de acusaciones refleja el nivel de desgaste y tensión que atraviesa el debate político nacional, donde las descalificaciones ya cruzaron del terreno electoral a señalamientos cada vez más delicados.
Mientras Morena acusa a la oposición de construir campañas basadas en miedo y guerra sucia, críticos del gobierno sostienen que el oficialismo no ha logrado disipar completamente las dudas generadas por diversos casos polémicos y la expansión de la violencia en distintas regiones del país.
En la política mexicana actual, la discusión pública parece haber pasado del debate de propuestas a una batalla permanente de acusaciones, donde términos como “terrorismo”, “narcopolítica” y “complicidad” se usan cada vez con menos filtro y más cálculo político.








