El diputado de Morena, Juan Antonio González, reconoció haber entregado bolsas con su nombre a ciudadanos, aunque negó que se trate de actos anticipados de campaña o promoción personalizada.
Lejos de deslindarse del reparto, el legislador defendió la práctica asegurando que se trató simplemente de “un obsequio” para que la ciudadanía lo recuerde, declaración que rápidamente generó críticas y burlas en redes sociales.
El episodio volvió a abrir el debate sobre los límites entre apoyo social, propaganda política y promoción personalizada, especialmente dentro de un movimiento que durante años criticó este tipo de prácticas cuando eran realizadas por partidos de oposición.
Aunque Morena suele insistir en el discurso de austeridad y combate a las viejas costumbres políticas, casos como este alimentan la percepción de que muchos actores del oficialismo han adoptado las mismas estrategias de posicionamiento electoral que antes condenaban.
Para críticos, el argumento de “regalar para que lo recuerden” retrata con ironía el estilo de la política mexicana: cambiar el nombre de la propaganda… pero no necesariamente las prácticas.
Mientras tanto, el caso también exhibe cómo la competencia rumbo a futuros procesos electorales ya comenzó a sentirse desde territorio, donde legisladores y funcionarios buscan mantenerse visibles ante una ciudadanía cada vez más saturada de imagen política disfrazada de “detalle” o “apoyo social”.








