El centro clandestino “Detox” quedó bajo fuerte polémica luego de revelarse que operaba sin permisos oficiales y que su propietaria, Diana Alejandra Palafox Romero, presuntamente no cuenta con cédula profesional para ejercer procedimientos médicos.
De acuerdo con las denuncias, el establecimiento ofrecía cirugías de alto riesgo y servicios de ginecología estética a precios de “remate”, una práctica que encendió alarmas por el posible riesgo para pacientes atraídas por costos bajos y promociones agresivas.
El caso volvió a poner sobre la mesa el crecimiento de clínicas irregulares y negocios médicos clandestinos que operan aprovechando vacíos de supervisión, publicidad en redes sociales y la desesperación de personas que buscan tratamientos más económicos.
Entre los procedimientos ofertados había intervenciones estéticas y servicios invasivos que, según especialistas, requieren estrictos protocolos sanitarios, personal certificado y autorización oficial, condiciones que presuntamente no existían en “Detox”.
La polémica también desató cuestionamientos hacia las autoridades sanitarias por la falta de vigilancia y control sobre establecimientos que promocionan servicios médicos sin contar con documentación legal o personal acreditado.
Mientras el negocio vendía una imagen de “bienestar” y soluciones rápidas, el caso exhibe el lado más riesgoso de la medicina estética clandestina: promociones llamativas, precios bajos y procedimientos delicados realizados, presuntamente, fuera de toda regulación.








