La Iglesia abrió las puertas de uno de los espacios más sagrados del catolicismo poblano para realizar una pasarela de moda. El evento desató cuestionamientos por anteponer un espectáculo a la solemnidad religiosa de un inmueble que representa siglos de fe, historia y tradición.
La Catedral de Puebla, considerada uno de los principales símbolos religiosos, históricos y arquitectónicos de la entidad, terminó convertida en escenario de una pasarela de moda. Lo que para los organizadores representó una plataforma para promover el talento mexicano y la solidaridad social, para sus críticos significó una transgresión al significado espiritual de un recinto destinado al culto religioso.
El desfile, realizado con autorización de autoridades eclesiásticas, provocó cuestionamientos sobre los criterios que permitieron utilizar el interior de la Catedral para exhibir diseños de moda, modelos y convertir el espacio religioso en una plataforma de proyección pública.
La controversia va más allá de la presencia de modelos y diseñadores en un inmueble histórico. El punto central es la decisión de abrir un templo consagrado para una actividad que, independientemente de sus fines benéficos, no corresponde a la naturaleza litúrgica del recinto.
Aunque el evento fue presentado como una iniciativa con fines altruistas, destinada a contribuir al equipamiento de la Casa de Maternidad del Estado de Puebla, el propósito benéfico no cancela el debate sobre la pertinencia de utilizar un templo religioso como escenario de entretenimiento y exhibición.
La responsabilidad también recae en quienes autorizaron el acontecimiento. No se trató de un espacio público cualquiera, sino de la Catedral de Puebla, un recinto cuya relevancia trasciende cualquier evento de temporada y cuyo valor religioso exige criterios de respeto y conservación.
En una sociedad donde las instituciones religiosas también están obligadas a preservar su identidad y sus principios, la decisión de permitir este tipo de actividades merece una explicación pública. La Catedral no es un salón de eventos ni un foro de espectáculos; es un espacio de culto cuya solemnidad no debería quedar subordinada a la agenda de promoción de ningún evento.








