La tensión en el campo mexicano volvió a escalar luego de que productores y campesinos que se manifiestan en Ciudad de México exigieran juicio político contra el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, por presuntamente abrir la puerta al uso de maíz transgénico incluso para consumo humano.
Los inconformes acusan que las decisiones impulsadas desde el gobierno federal llegan en uno de los momentos más sensibles para los productores nacionales: plena temporada de cosecha de maíz blanco, cultivo considerado estratégico para miles de campesinos mexicanos.
Durante las protestas, el dirigente campesino Martín Lim advirtió que “el campo está enfurecido”, reflejando el creciente malestar de sectores agrícolas que consideran que las políticas comerciales y de importación podrían afectar directamente a productores nacionales.
El debate sobre el maíz transgénico se ha convertido en uno de los temas más delicados entre México, Estados Unidos y organismos comerciales internacionales, especialmente por las presiones económicas, los acuerdos del T-MEC y las disputas sobre salud, soberanía alimentaria y protección del maíz nativo.
Mientras el gobierno federal sostiene que busca equilibrar comercio, producción y seguridad alimentaria, productores denuncian que las decisiones terminan favoreciendo intereses internacionales y golpeando al campo mexicano.
La exigencia de juicio político contra Ebrard también evidencia cómo el conflicto ya dejó de ser exclusivamente técnico o agrícola para convertirse en una batalla política que mezcla comercio exterior, soberanía nacional y presión social.
Porque en México, hablar de maíz nunca es sólo hablar de agricultura: también es hablar de identidad, economía y poder político.








