La gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, descartó dejar el cargo tras las críticas lanzadas por Morena y aseguró que continuará enfrentando lo que calificó como presiones y ataques políticos en su contra.
Las declaraciones se dieron luego de las movilizaciones donde simpatizantes y actores ligados al oficialismo exigieron su destitución e incluso impulsaron llamados a juicio político, elevando la tensión entre el gobierno estatal panista y el bloque morenista.
Maru Campos sostuvo que no cederá ante la presión y defendió su permanencia al frente del estado, en medio de un ambiente cada vez más polarizado donde los conflictos entre gobiernos estatales de oposición y la federación se han convertido en una constante.
El episodio también refleja cómo las disputas políticas han escalado más allá del debate institucional para trasladarse a las calles, con protestas, señalamientos y campañas de presión pública que endurecen el clima político en Chihuahua.
Desde sectores críticos se acusa que Morena busca debilitar a gobiernos opositores mediante confrontación política permanente, mientras el oficialismo sostiene que las protestas responden al descontento ciudadano y a exigencias de rendición de cuentas.
La postura de Maru Campos deja claro que el choque político continuará, especialmente rumbo a los próximos procesos electorales, donde Chihuahua se mantiene como uno de los principales bastiones de oposición frente al avance territorial de Morena.








