El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, advirtió que el gobierno estadounidense no se detendrá hasta desmantelar a los cárteles mexicanos y las presuntas redes políticas que, según afirmó, les brindan protección.
Las declaraciones elevan nuevamente la tensión bilateral en materia de seguridad y colocan bajo presión al gobierno mexicano, en medio de constantes señalamientos desde Washington sobre la expansión del crimen organizado y su posible infiltración en estructuras políticas y económicas.
Aunque funcionarios mexicanos han rechazado reiteradamente cualquier vínculo institucional con grupos criminales, el discurso estadounidense cada vez es más agresivo y deja entrever que la estrategia de combate al narcotráfico podría ir más allá de perseguir únicamente a los líderes criminales.
El mensaje también refleja la creciente preocupación de Estados Unidos por el tráfico de fentanilo, lavado de dinero y operación transnacional de los cárteles, temas que se han convertido en prioridad política y electoral en territorio estadounidense.
Analistas advierten que este tipo de posicionamientos podrían tensar aún más la relación entre ambos países, especialmente si Washington comienza a señalar directamente a figuras políticas o funcionarios mexicanos bajo sospecha de protección al crimen organizado.
Mientras tanto, la declaración de Bessent vuelve a exhibir el deterioro de la imagen internacional de México en materia de seguridad, corrupción y combate al narcotráfico, un tema que continúa generando presión tanto interna como externa sobre las autoridades federales.








