La mañana de este día, Celina Peña Guzmán se subió oficialmente a la contienda por la candidatura a la alcaldía de Puebla, en un evento multitudinario respaldado por la red de mujeres armentistas.
Durante el acto, la dirigente estatal de Morena, Olga Romero Garci-Crespo, le levantó la mano, enviando una señal clara de respaldo político dentro del grupo en el poder.
Sin embargo, el arranque de Peña Guzmán ocurre en un contexto donde su nombre no figura entre los perfiles más posicionados rumbo a las encuestas que definirán la candidatura. En mediciones preliminares y análisis internos, otros perfiles con mayor trayectoria y reconocimiento público han sido considerados por encima de ella.
Incluso, figuras como Laura Artemisa García Chávez —exdiputada y con mayor presencia política— no han logrado despuntar con claridad en el ánimo ciudadano, lo que abre cuestionamientos: si perfiles ya conocidos no logran crecer en las preferencias, resulta aún más incierto el panorama para alguien con menor nivel de posicionamiento.
A este escenario se suma otro factor político: en distintos círculos, Celina Peña es vista como una de las apuestas del gobernador Alejandro Armenta Mier, lo que la coloca como una de sus “fichas” rumbo al proceso interno. No obstante, ese respaldo no necesariamente se traduce en conocimiento ciudadano ni en intención de voto.
Aunque Peña Guzmán ha tenido paso por la administración pública y el ámbito académico, su principal reto será construir presencia en un proceso donde la competencia interna ya lleva ventaja.
Por ahora, su irrupción parece más un intento por meterse a la contienda que una candidatura sólida, en una carrera donde las encuestas serán el filtro definitivo para medir quién realmente tiene respaldo ciudadano.








