La controversia generada por el podcast #DesCasadas, en el que participaron la diputada local Nay Salvatori y la exdiputada Grace Palomares, escaló este lunes luego de las reacciones que provocaron sus comentarios sobre hombres adultos mayores.
Lejos de ofrecer una disculpa, Nay Salvatori defendió el contenido con el estilo irreverente y el humor ácido que la ha caracterizado en su trayectoria pública, manteniendo la narrativa que dio origen a la polémica y alimentó el debate en redes sociales.
En contraste, el vocero de Morena en Puebla, Agustín Guerrero Castillo, salió al paso para deslindar al partido de las expresiones vertidas en el podcast. Incluso ofreció disculpas “a nombre de todos los morenitas”, al sostener que la mofa relacionada con el comentario de “huelen a baúl” fue una expresión realizada a título estrictamente personal por las participantes.
La respuesta evidenció un intento de contención política ante una controversia que comenzó como contenido para redes sociales y terminó alcanzando al partido gobernante. Mientras una de sus legisladoras optó por sostener el tono del programa, la dirigencia buscó marcar distancia para evitar que las declaraciones fueran interpretadas como una postura institucional.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa la tensión entre la construcción de figuras políticas en plataformas digitales y la responsabilidad que implica ejercer un cargo público. El contenido que genera reproducciones, polémica y viralidad puede convertirse rápidamente en un costo político cuando entra en conflicto con el discurso de inclusión y respeto que los partidos aseguran defender.
La contradicción quedó expuesta: por un lado, el espectáculo mediático que apuesta por la controversia para ganar audiencia; por el otro, un partido que intenta recordar que sus principios y valores no avalan expresiones que puedan interpretarse como burlas o discriminación hacia un sector de la población, especialmente uno que representa una parte importante de su base electoral.








