El periodista y escritor José Luis Montenegro afirmó que Iván Archivaldo Guzmán Salazar y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, considerados los dos hijos de Joaquín Guzmán Loera que continúan fuera de custodia, podrían eventualmente entregarse a las autoridades de Estados Unidos como parte de una negociación que se estaría construyendo desde hace varios años.
Según el análisis de Montenegro, las entregas y acuerdos judiciales relacionados con Ovidio Guzmán López, Joaquín Guzmán López y Ismael Zambada García habrían generado condiciones que facilitarían una eventual negociación para los integrantes de la facción conocida como “Los Chapitos”.
De acuerdo con esta hipótesis, una posible entrega buscaría obtener beneficios procesales o condiciones más favorables para los hijos del exlíder del Cártel de Sinaloa, mientras se produce una reconfiguración interna dentro de la organización criminal y nuevas generaciones asumen posiciones de liderazgo.
Hasta el momento, las afirmaciones corresponden a un análisis periodístico y no existe información oficial por parte de autoridades estadounidenses o mexicanas que confirme una negociación de esa naturaleza ni una fecha específica para una eventual entrega.
Sin embargo, la versión cobra relevancia en un contexto marcado por la creciente presión de Estados Unidos contra las estructuras del narcotráfico mexicano, particularmente aquellas vinculadas al tráfico de fentanilo y otras drogas sintéticas.
La posibilidad de acuerdos judiciales con integrantes de alto perfil del crimen organizado también ha abierto un debate sobre la eficacia de estas estrategias. Mientras algunos especialistas consideran que las negociaciones pueden facilitar el desmantelamiento de organizaciones criminales y aportar información clave para las investigaciones, otros advierten que estos mecanismos rara vez eliminan las estructuras delictivas y, en ocasiones, únicamente aceleran procesos de sucesión dentro de los grupos criminales.
El planteamiento de Montenegro apunta precisamente a ese escenario: una eventual salida negociada de los líderes visibles podría no significar el fin de la organización, sino el inicio de una nueva etapa encabezada por otros operadores con menor exposición pública.
Más allá de las especulaciones sobre posibles entregas, el caso refleja la transformación que atraviesa el Cártel de Sinaloa tras la captura, extradición o sometimiento a procesos judiciales de varias de sus figuras históricas. La gran incógnita es si estos movimientos conducirán a un debilitamiento real de la organización o simplemente a una nueva redistribución del poder criminal dentro de una de las estructuras más influyentes del narcotráfico internacional.








