Autoridades federales y estatales desarticularon una presunta banda dedicada al robo a cuentahabientes que operaba en diversas entidades del país, entre ellas Puebla. Sin embargo, lo que más llamó la atención del caso fue que el supuesto líder del grupo criminal trabajaba dentro de Banamex.
De acuerdo con las investigaciones, la organización obtenía información clave de clientes bancarios para ubicar a personas que retiraban fuertes cantidades de dinero y posteriormente interceptarlas para despojarlas del efectivo mediante asaltos cuidadosamente planeados.
Las autoridades sospechan que desde el interior del banco se filtraban datos sobre movimientos, horarios y montos retirados por los cuentahabientes, lo que habría permitido a la banda actuar con precisión y rapidez en distintos estados.
El caso vuelve a exhibir uno de los mayores temores de usuarios del sistema financiero: la posible colusión interna entre empleados bancarios y grupos criminales dedicados al robo y seguimiento de clientes.
Además de Puebla, la célula delictiva tendría operaciones en otras entidades del centro del país, donde se reportaron robos con un patrón similar: víctimas vigiladas tras salir de sucursales bancarias y asaltadas minutos después.
La detención también reabre el debate sobre los protocolos de seguridad de las instituciones financieras y la facilidad con la que información sensible de los clientes puede terminar en manos del crimen organizado.








