En Puebla, las faltas de ortografía ya no son la excepción, sino una constante que salta a la vista en espacios públicos. Desde señalética urbana hasta inscripciones en monumentos, los errores aparecen sin mayor cuidado, evidenciando descuidos que van más allá de lo anecdótico.
El problema no es menor. Cuando incluso en estructuras oficiales —como módulos de seguridad— se pueden encontrar palabras mal escritas (sí, “modÚlos” incluido), se proyecta una imagen de desorden institucional y falta de supervisión básica. No se trata solo de estética, sino de comunicación clara y respeto al espacio público.
Estos detalles, que muchos toman con humor, terminan reflejando una falla más profunda: la ausencia de revisión, de controles de calidad y, en algunos casos, de profesionalismo en la ejecución de obras y servicios.
Porque si lo visible —como una palabra mal escrita— no se cuida, la pregunta inevitable es: ¿qué tanto se estará descuidando lo que no se ve?








