En un entorno político marcado por la saturación de discursos técnicos y promesas incumplidas, el PAN Puebla ha optado por una estrategia distinta: hablarle a las emociones del electorado.
Bajo la dirigencia de Mario Riestra, el reciente spot del partido no busca imponer una lista de propuestas, sino construir una narrativa aspiracional sobre lo que podría ser una mejor ciudad. Lejos de ser un vacío de contenido, esta apuesta refleja una lectura más sofisticada del momento político actual.
El uso del neuromarketing en campañas no es nuevo a nivel internacional, pero en el ámbito local representa una evolución en la forma de comunicar la política. En lugar de saturar con datos que pocas veces conectan con la experiencia cotidiana, la estrategia busca generar identificación, empatía y sentido de pertenencia.
En una sociedad donde el desencanto con la política tradicional es evidente, conectar emocionalmente puede ser el primer paso para reconstruir la confianza ciudadana. No se trata de sustituir propuestas, sino de crear el terreno donde estas puedan ser escuchadas y valoradas.
Además, esta narrativa permite colocar al ciudadano en el centro del mensaje. No como receptor pasivo de promesas, sino como protagonista de una visión compartida de ciudad. En ese sentido, el “cómo se sentiría” no es menor: es una forma de traducir la política en experiencias reales y comprensibles.
Por supuesto, el reto vendrá después. Toda estrategia emocional debe eventualmente aterrizarse en propuestas concretas y viables. Pero en términos de comunicación política, el paso dado por el PAN Puebla abre una nueva ruta que otros actores seguramente observarán de cerca.
Porque en tiempos de hartazgo, no basta con tener la razón técnica; también hay que saber conectar con las personas.








