La inversión de 4 millones de pesos en el proyecto “Cristo Roto”, anunciada por el subsecretario de Bienestar, Edgar Chumacero, ha generado dudas sobre la pertinencia del gasto público dentro del programa de Obra Comunitaria.
Aunque el funcionario aseguró que la obra responde a necesidades locales, críticos señalan que no queda claro el impacto social directo de destinar recursos a este tipo de proyectos, especialmente en comunidades donde persisten carencias en servicios básicos.
Especialistas en política pública advierten que este tipo de inversiones requieren mecanismos más sólidos de justificación, transparencia y evaluación, a fin de evitar percepciones de uso discrecional del presupuesto. La falta de información detallada sobre criterios de selección, beneficios concretos y participación ciudadana en la decisión ha alimentado el escepticismo.
Asimismo, se ha cuestionado la comunicación del propio Edgar Chumacero, al considerar que sus declaraciones no han sido acompañadas de datos verificables que respalden la viabilidad y prioridad del proyecto.
El caso reabre el debate sobre cómo deben asignarse los recursos públicos en programas comunitarios, y si estos realmente responden a las necesidades más urgentes de la población o a decisiones poco transparentes dentro de la administración.








