Una reciente medición de la firma Rubrum ha comenzado a generar inquietud al interior de Morena en Puebla. Los resultados, levantados hace apenas unos días, dibujan un escenario adverso para las aspiraciones de continuidad del alcalde capitalino, José Chedraui.
De acuerdo con la encuesta, un 66.0% de los poblanos consultados afirma que no votaría por su reelección, un dato que no solo refleja desaprobación, sino un nivel de rechazo que comienza a preocupar dentro del partido. A la par, la intención de voto muestra una tendencia a la baja: del 24.7% registrado en febrero cayó a 21.3% en abril, mientras que la negativa pasó de 63.3% a 66.0%.
Este comportamiento ha dado pie a que, en círculos políticos, se empiece a hablar del llamado “Efecto Pepe”, una expresión que evoca inevitablemente lo ocurrido con Claudia Rivera Vivanco en 2021. En aquel proceso, el desgaste de la entonces alcaldesa no solo derivó en la pérdida de la capital, sino que impactó en la competitividad de Morena en municipios de la zona conurbada.
El paralelismo no es menor. Analistas advierten que cuando los niveles de rechazo superan ciertos umbrales, el efecto puede trascender lo individual y convertirse en un lastre electoral para todo el partido. En ese sentido, el caso de Chedraui podría representar no solo un desafío personal, sino un riesgo estratégico para Morena en Puebla.
Aunque aún falta tiempo para definiciones formales, los números comienzan a perfilar una tendencia que difícilmente puede ignorarse. En política, las percepciones cuentan, pero cuando los datos insisten en la misma dirección, las alertas dejan de ser preventivas y se convierten en urgentes.








