La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, respondió a las versiones que sostienen que el expresidente Andrés Manuel López Obrador continúa tomando decisiones desde fuera del cargo y afirmó que ese tipo de señalamientos tienen un componente profundamente misógino.
“No se puede ser más misógino que eso”, expresó la mandataria al ser cuestionada sobre las críticas que ponen en duda su autonomía política y sugieren que las principales decisiones del gobierno federal siguen siendo influenciadas por su antecesor.
La respuesta de Sheinbaum ocurre en medio de un debate que ha acompañado a su administración desde el inicio del sexenio. Mientras sus simpatizantes sostienen que ejerce plenamente la Presidencia y ha comenzado a imprimir su propio estilo de gobierno, sus críticos argumentan que existe una continuidad política tan marcada que resulta difícil distinguir dónde termina el legado de López Obrador y dónde comienza el proyecto propio de la actual mandataria.
La presidenta llevó la discusión al terreno de la igualdad de género, al considerar que atribuir sus decisiones a un hombre por el simple hecho de haber sido su antecesor implica desconocer su capacidad de liderazgo y autonomía para gobernar el país.
El señalamiento no es menor. Históricamente, diversas mujeres que han ocupado posiciones de poder han enfrentado cuestionamientos similares, donde sus decisiones son atribuidas a figuras masculinas cercanas en lugar de reconocerles capacidad propia de conducción política.
Sin embargo, la controversia también tiene una dimensión política. La estrecha relación entre Sheinbaum y López Obrador fue uno de los principales activos de su campaña presidencial y sigue siendo uno de los elementos que explican la continuidad del proyecto de la llamada Cuarta Transformación. Por ello, para la oposición resulta inevitable cuestionar el nivel de influencia que conserva el exmandatario dentro del movimiento.
La discusión, en el fondo, refleja dos narrativas enfrentadas. Una sostiene que Sheinbaum gobierna con plena independencia y que cuestionarlo constituye una forma de menospreciar a una mujer en el ejercicio del poder. La otra considera legítimo analizar el peso político que aún conserva López Obrador dentro del oficialismo debido a su liderazgo histórico y a la continuidad de muchas de sus políticas.
Más allá de la polémica, la respuesta presidencial deja claro que Sheinbaum busca marcar distancia de la idea de ser una figura subordinada y reivindicar que las decisiones de su gobierno le corresponden exclusivamente a ella. El debate, sin embargo, difícilmente desaparecerá mientras la sombra política de López Obrador continúe siendo uno de los factores más influyentes en la vida pública nacional.








