El gobernador de Alejandro Armenta restó importancia a los resultados que indican que el 67% de los poblanos no confía en su gobierno, y terminó envuelto en polémica tras comparar las mediciones del INEGI con encuestas políticas.
Durante sus declaraciones, el mandatario sugirió que este tipo de mediciones deben analizarse con cautela, lo que provocó críticas inmediatas debido a que el INEGI es uno de los organismos técnicos con mayor credibilidad en el país y no una casa encuestadora vinculada a procesos electorales o propaganda política.
Las cifras reflejan un escenario complicado para la administración estatal, que en pocos meses ya enfrenta señalamientos por inseguridad, percepción de opacidad y distancia con distintos sectores ciudadanos. Sin embargo, en lugar de asumir el desgaste, Armenta optó por desacreditar indirectamente los datos, una estrategia cada vez más común entre gobiernos cuando los números no favorecen su narrativa.
En redes sociales, usuarios cuestionaron que el gobernador intentara equiparar estadísticas oficiales con encuestas partidistas, mientras otros señalaron que minimizar la desconfianza ciudadana solo profundiza la percepción de desconexión entre el poder y la realidad cotidiana de los poblanos.
La polémica también abrió un nuevo debate sobre la tendencia de algunos gobiernos de la llamada Cuarta Transformación a confrontar instituciones autónomas y organismos técnicos cuando sus reportes exhiben resultados negativos.







