La detención de José Gonzalo González Sánchez, presunto líder de la banda criminal conocida como “Los González.
Su captura exhibe, una vez más, las fallas estructurales de la estrategia de seguridad y reaviva los señalamientos sobre posibles redes de protección política en una de las zonas más violentas de Puebla: el Triángulo Rojo.
El arresto se registró sobre la carretera Puebla–Amozoc, a la altura de La Gran Bodega, cuando elementos de la Policía Municipal detectaron una camioneta Ford King Ranch con reporte de robo. Al volante se encontraba González Sánchez, identificado como uno de los principales generadores de violencia en la región, vinculado al robo de carga y a la sustracción ilegal de hidrocarburos.
Los González no son una banda menor ni improvisada. Se trata de una organización señalada por su alto grado de violencia, su operación sistemática sobre tramos carreteros estratégicos y su control territorial en municipios clave.
Durante años, transportistas y habitantes de la zona han denunciado asaltos, amenazas y pérdidas millonarias, mientras las autoridades parecían incapaces —o poco dispuestas— a frenar su expansión.
Resulta poco creíble que un líder criminal de esta magnitud circulara en vehículos robados y mantuviera control operativo sin ser detectado previamente, en una región saturada de corporaciones de seguridad de los tres niveles de gobierno.
En Amozoc, los señalamientos no son nuevos. Diversas voces locales han vinculado a González Sánchez con estructuras políticas de la zona, como operador territorial con influencia y protección.
Hasta el momento, la detención no ha venido acompañada de acciones contundentes para desmantelar la estructura criminal: no se han anunciado cateos, aseguramientos de bienes, ni capturas adicionales de integrantes de la banda.







