La aparición de bardas con la frase “Te amo, Genoveva” encendió la conversación política en Puebla y puso en el centro del debate a la diputada federal del PAN, Genoveva Huerta, quien no tardó en deslindarse públicamente de su autoría.
Lejos de asumir cualquier vínculo con la estrategia, la legisladora negó estar detrás de las pintas y, en cambio, aprovechó el momento para lanzar un contraataque directo contra funcionarios municipales y estatales, a quienes acusó de hacer exactamente lo que ella rechaza: utilizar recursos públicos para posicionar su imagen con fines políticos.
El episodio abre más preguntas que respuestas. ¿Se trata de una campaña espontánea de simpatizantes o de una jugada calculada que ahora busca desmarcarse ante posibles sanciones? En un contexto donde las autoridades electorales han puesto la lupa sobre la promoción personalizada, cualquier movimiento en territorio se convierte en sospechoso.
Desde la oposición, el mensaje es claro: mientras algunos intentan vincularla con actos anticipados, Huerta busca voltear el reflector hacia el oficialismo, acusando una práctica sistemática de promoción encubierta desde el poder.







