El endurecimiento de las sanciones energéticas impulsadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comienza a tener efectos visibles en la vida cotidiana de Cuba, donde el transporte público enfrenta una de sus peores crisis en años.
Washington advirtió que impondrá aranceles a los países que suministren petróleo a La Habana, una medida que ha reducido el flujo de hidrocarburos hacia la isla y ha profundizado la parálisis económica. El impacto se suma a seis años de severas dificultades financieras y productivas que ya mantenían al país en una situación crítica.
Maykel, un vendedor de viandas de 35 años, es uno de los rostros de esta nueva etapa de precariedad. Ante la escasez de combustible y la disminución de rutas disponibles, camina cerca de 20 kilómetros diarios para ir y volver del trabajo. Pagar transporte implicaría destinar alrededor del 16% de su salario mensual, un costo inasumible en el actual contexto.
Como él, miles de cubanos enfrentan largas esperas, rutas suspendidas y unidades desbordadas, en medio de una crisis de movilidad que se ha visto agravada por el cerco petrolero impuesto en enero. La falta de combustible no solo afecta el traslado de personas, sino también la distribución de alimentos y mercancías, profundizando el desgaste económico y social en la isla.







