En Cuautlancingo no gobierna el alcalde. Gobierna un clan. Y el jefe no despacha en la Presidencia Municipal, pero manda como si fuera dueño del municipio. Mientras Omar Muñoz Alfaro adelanta ilegalmente su campaña rumbo a la reelección en 2027 con el eslogan “El Día del Pueblo”, el verdadero poder se ejerce desde la oscuridad.
Ese poder tiene nombre y apodo: Erick Muñoz Alfaro, “El Oso”, hermano del alcalde y auténtico presidente municipal de facto.
Nada, absolutamente nada, se decide en el Ayuntamiento sin su autorización. Contratos, pagos, nombramientos, licitaciones, convenios, medios de comunicación y hasta la narrativa política pasan primero por Erick. Omar es solo la cara visible; Erick es quien manda, cobra y castiga.
El Oso: operador, recaudador y cobrador de moches
Erick Muñoz Alfaro es el operador político del régimen municipal, el recaudador del negocio familiar y el encargado de negociar “moches” y “milpas” con constructores, proveedores y empresas que buscan trabajar con el Ayuntamiento. Quien no paga, no entra. Quien no se alinea, queda fuera.
Su apodo no es casualidad. “El Oso” aplasta, controla y devora todo lo que genera dinero y poder dentro del gobierno municipal.
La prensa también tiene dueño
El control no termina en la administración pública. La información también está secuestrada. El tercer hermano, Oswaldo Muñoz Alfaro, es quien decide qué medios cobran, cuánto cobran y hasta cuándo deben guardar silencio.
El jefe de prensa, Miguel Valtierra, no dirige nada. Solo obedece. Firma lo que le ordenan y ejecuta instrucciones. En los hechos, responde a tres patrones: Omar, el alcalde de membrete; Oswaldo, el censor financiero; y Erick, el capo político del municipio.
Nepotismo descarado y sin vergüenza
En Cuautlancingo el nepotismo no es un error administrativo: es el modelo de gobierno. La familia Muñoz Alfaro convirtió la Presidencia Municipal en una empresa privada, repartiendo cargos entre familiares, amigos y operadores.
Mientras desde el gobierno federal se presume un combate al nepotismo, en Cuautlancingo ese discurso es papel mojado. Al menos diez familiares directos y operadores cercanos cobran en áreas estratégicas, todos bajo el control absoluto de Erick Muñoz Alfaro.
La Presidencia Municipal fue literalmente tomada como rehén por un grupo familiar.
El organigrama del saqueo
Dirección de Ingresos:
Michel Castellanos, cuñada de Erick, controla el flujo diario de efectivo proveniente de multas, giros mercantiles, tránsito, alcoholímetro y Protección Civil. El dinero entra, pero nadie sabe a dónde va.
Dirección de Adjudicaciones:
Adriana Minor Alfaro, prima de Erick, salió formalmente del cargo tras observaciones de la ASE, pero dejó a su suegra como prestanombres y continúa operando contratos y cobrando “moches”.
Dirección de Egresos:
Luz María Pérez González, ex nana de los hermanos Muñoz Alfaro, hoy autoriza pagos millonarios, siempre con el visto bueno de Erick.
Coordinación de Gabinete:
Gabriela Reséndiz Hernando, operadora política del clan, controla proyectos y tiene a cuatro hermanos incrustados en la nómina municipal.
Obras Públicas:
Jorge Muñoz controla licitaciones y exige hasta un 15% de “moche” a constructores para poder trabajar en el municipio.
El verdadero objetivo: perpetuar el negocio
Las jornadas del “Día del Pueblo” no son política social. Son propaganda anticipada. Son el arranque de una estrategia para reelegir a Omar Muñoz Alfaro y garantizar que el clan siga saqueando Cuautlancingo tres años más.
Aquí no gobierna el pueblo. No gobierna la ley. No gobierna el alcalde.
En Cuautlancingo manda Erick Muñoz Alfaro, “El Oso”, y el Ayuntamiento es su botín.







