“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte, acaba por negar a la vida”, Octavio Paz.
A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre ha establecido diversas fechas importantes en su calendario para festejar, celebrar, recordar o conmemorar, acontecimientos que marcaron y regían su vida civil y religiosa y una de estas fiestas que es particularmente hermosa, es el Día de Muertos en México. Por un lado se tienen las antiguas tradiciones de los pueblos prehispánicos de nuestro país y por otra parte, las celebraciones religiosas traídas por los españoles al momento de la conquista, dando como resultado una fusión de dos fiestas en una, cuya finalidad es recordar a nuestros difuntos, a través de la realización de ofrendas o altares, comida, pan, el arreglo de las tumbas o de la ofrenda con flores, velas, cirios, incienso, cráneos, además de cantos, rezos y los ritos propios de la religión católica, tradiciones muy peculiares para cada estado de la República, pero que todas engloban el sentir de un pueblo: “Recordar a nuestros seres queridos fallecidos”.
Dicha fiesta, por su colorido y representación es única en el mundo por eso, la UNESCO (organismo que pertenece a la ONU y que significa Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) en el año 2008 inscribió “Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos” en la lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La idea de la muerte para nuestros pueblos prehispánicos era el paso de esta vida a otro lugar donde se iba a morar de acuerdo a cómo se muere, era un lugar de reposo y abundancia, no tenían miedo a morir, era parte del ciclo de la vida, como buenos observadores de la naturaleza, aprendieron de ella que la muerte es solo “transformación” y especialmente la muerte en batalla o en sacrificio era un honor, ya que podían servir a sus deidades con su vida y muerte.
Una de tantas cosas admirables de la cosmovisión de nuestros pueblos indígenas consiste en que compartían la creencia de la existencia de una “entidad anímica en el cuerpo que daba identidad y conciencia al ser humano” lo que nosotros podremos entender como “alma” y esta sustancia abandonaba al cuerpo al morir para ir a una existencia ultraterrena, que seguía viviendo en el lugar de los muertos por lo que requería alimento, reconocimiento y algunas otras ayudas espirituales que eran dadas por los vivos para permitirles su existencia inmortal, los aztecas lo denominaban “teyolía” que radicaba en el corazón y para los mayas era el “ol”
Para los aztecas, los lugares a donde iban a descansar las almas de los muertos eran:
- Tlalocan (paraíso de Tláloc dios de la lluvia). A este sitio se dirigían los que morían en circunstancias relacionadas con el agua: los ahogados, los que morían por un rayo, los que morían por enfermedades como la gota, la hidropesía, la sarna o las bubas y los niños sacrificados al dios
- El Omeyocan (paraíso del sol, presidido por Huitzilopochtli, dios de la guerra). A este lugar llegaban sólo los muertos en combate, los cautivos que se sacrificaban y las mujeres que morían en el parto porque eran comparadas con los guerreros por haber librado una gran batalla, la de parir. Se les enterraba en el patio del palacio para que acompañaran al sol desde el cenit hasta su ocultamiento por el poniente. Residir en el Omeyocan eran un privilegio que no todos tenían porque se consideraba un lugar de gozo permanente, donde se festejaba incansablemente al sol acompañándole con música, cantos y baile y los muertos que ahí residían, volvían al mundo después de estar 4 años, convertidos en hermosas aves multicolores.
- El Mictlán. Presidido por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señor y señora de la muerte. Reino de los muertos descarnados o inframundo, era el lugar donde iban todos los que morían de muerte natural. Para llegar ahí, el alma viajaba durante 4 días, al llegar a su destino, el viajero ofrecía obsequios a los señores de la muerte y ellos lo enviaban a atravesar nueve regiones cada una de ellas con pruebas y tormentos distintos que tenían que superar sirviéndoles para purificar su alma o “tonalli”. Una vez transcurridos cuatro años y cuando lograban atravesar los infiernos, su alma era liberada y se ponían en la presencia de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, regidores del inframundo que les decían “Han terminado tus penas vete pues a dormir tu sueño mortal”, vayan al último piso del Mictlán denominado “obsidiana de los muertos”. Para recorrer este camino, el muerto era enterrado con un perro llamado xoloescuincle para ayudarlo a cruzar el río de la muerte, además de ofrendas de teas, cañas de perfume, algodón, hilos dorados, mantas, cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón y los utensilios que ocupaba en vida.
- Lugar donde se encontraba un árbol de cuyas ramas goteaba leche para que se alimentaran los niños muertos. Los niños que llegaban aquí volverían a la tierra cuando se destruyese la raza que la habitaba, de esta forma, de la muerte renacería la vida.
En el Calendario Azteca, su pueden observar dos fechas importantes dedicadas a los muertos y son:
- 9 Mes corresponde del 12 al 31 de julio, llamado Tlaxochimaco, su deidad era Mictecihuatl diosa y señora del Infierno. Se celebraba el Miccailhuitontli que significa Pequeña fiesta de los muertos, o muertecillos en la que se acostumbraba dar flores. Era la fiesta de los niños inocentes muertos y marcaba el inicio de la preparación para la fiesta grande de los muertos. Se cortaba del bosque un árbol llamado xócotl que le quitaban la corteza y le ponían flores para adornarlo, participaba toda la comunidad y le ofrecían ofrendas al árbol durante 20 días.
- 10 Mes corresponde del 01 al 20 de agosto llamado Xocohuetzi, su deidad era Tonatiu, dios del sol y Xiuhtecutli, dios del fuego. Se celebraba el Hueymiccailhuitl que significa Gran fiesta de los muertos. Se hacían procesiones, sacrificios humanos, concluía con la caída del xócotl y con grandes comidas, colocándose altares con ofrendas para recordar a los muertos.
Los teotihucanos no tenían una fecha específica para recordar a sus muertos porque realizaban casi todo el tiempo, intensos rituales con el propósito de que el alma del difunto llegase a uno de los cuatro paraísos donde iba a residir de acuerdo a la forma de muerte, por lo que a su entierro se le acompañaba con comida, copal, vasijas, cuchillos, piedras de jade, semillas y perros xoloescuintes sacrificándolos para que los ayudasen a cruzar el inframundo.
Para ellos existían cuatro lugares o “Subsectores” donde residían las almas
- Subsector I: A este recinto iban los jóvenes y los no nacidos. Se les enterraba en posición fetal en la tierra.
- Subsector II: A éste sector se dirigían los adolescentes, encontrándose en sus ofrendas distintos vegetales y huesos pertenecientes a animales.
- Subsector III: A este lugar iban los adultos, varones y mujeres, sus cuerpos se colocaban en vasijas grandes de barro para cremarlos. Era un lugar de abundancia y paz eterna. En su ofrenda se encontraban cañas de azúcar y comidas típicas.
- Subsector IV: Aquí residían los adultos mayores, colocaban sus cuerpos en hogueras de madera para su cremación. Creían que los ancianos regresaban a la Tierra después de la muerte en forma de animales.
Para la Cultura Maya, el Día de Muertos era celebrado todos los días porque no tenían en su calendario una fecha fija establecida para conmemorar a sus difuntos, los enterraban en los basamentos de sus casas, en las oquedades de cavernas, cuevas y cenotes, construyendo edificios especiales para conservar los cadáveres de personas importantes, o los cremaban y sus cenizas eran depositadas dentro de figurillas de barro que estaban en un lugar especial dentro de sus casas. En estos lugares les rendían a diario un tipo de ofrenda a sus antepasados y con esto se ve reflejada la importancia del difunto en ese espacio y en sus vidas.
Ellos no tenían la creencia del regreso de los muertos a visitar a los vivos, sino que creían que existía todo un peregrinar entre los niveles del “yaxhé” (ceiba o árbol sagrado) para que el alma alcanzara su destino final según los actos llevados a cabo en la tierra.
En la península de Yucatán, se celebra el Hanal Pixán o Janal Pixán que signfica ”Comida de las almas” se empieza a celebrar desde el 31 de octubre que es la fiesta de los niños, el 01 de noviembre es de los adultos y el 2 de noviembre es de todos los santos, y las personas comienzan la celebración días antes desde el bordado de los manteles, la elaboración de los utensilios de barro, la limpieza general de la casa y antes de que lleguen las ánimas todo tiene que estar listo y limpio y las personas duermen temprano para no perturbar a las almas que llegan a visitarlos.
Los mayas de Yucatán tienen la creencia de que las personas que mueren durante el Hanal Pixán, sus almas son las encargadas de abrir las puertas de las almas para que puedan salir del inframundo y en algunos lugares, al fallecer una persona, su cadáver era bañado y el agua utilizada servía para preparar los alimentos que se le darían a los asistentes a la velación ya que tenían la creencia de que de esta forma, se repartiría entre la gente los pecados del difunto, también es costumbre que cuando sale el cuerpo de su casa, se tiene que echar agua para que no se lleve a otra persona o para limpiar sus pecados.
Durante el Hanal Pixán, a los bebés se les pone un hilo negro o rojo en la muñeca porque existe la creencia de que si no están marcados, los difuntos podrían llevárselo, y a los niños pequeños se les ponen cintas de color en los tobillos para que no se confundan con las almas de los niños que vienen a visitarlos.
La cultura Purépecha tiene un relato hermoso que proviene de la época prehispánica, antes de la conquista de los españoles que dice así:
En la noche de muertos surge la sombra de Mintzita hija del rey Tzintzicha y de Itzihuapa, hijo de Taré y príncipe heredero de Janitzio, isla de Michoacán. Locamente enamorados, no pudieron esposarse por la llegada inesperada de los conquistadores españoles. Preso ya el rey por Nuño Beltrán de Guzmán, su hija quiso rescatarlo ofreciéndole el fabuloso tesoro que se hallaba bajo las aguas. Y cuando el esforzado príncipe Itzihuapa se aprestaba a extraerlo, se vio atrapado por veinte sombras de los remeros que escondieron el tesoro bajo las aguas y que fueron sumergidos junto con él. El príncipe se convirtió en el vigésimo primer guardián de las riquezas… En la noche del “Día de Muertos”, despiertan todos los guardianes y suben la empinada cuesta de la isla. En el panteón, los dos príncipes recibirán la ofrenda de los vivos, mientras que las llamas inciertas de los cirios ocultan las miradas indiscretas y los dos espectros se musitan palabras cariñosas. Es una ceremonia que aún se conserva y se llama Animecha Kejtzitakua.
Las festividades del día de muertos en el estado de Michoacán es el resultado de la fusión de las antiguas tradiciones prehispánicas con la evangelización de los españoles lo que da como resultado una fiesta llena de luz, color, aromas, música, oración y magia.
En Michoacán se conserva su ancestral tradición de Día de Muertos que consiste en el ritual de velación de sus difuntos principalmente en los panteones de las poblaciones ribereñas del Lago de Pátzcuaro e islas de Janitzio, Jarácuaro, Tzintzuntzan, Ihuatzio, Tzurumútaro, Pacanda, Urandén y Cucuchucho, entre otras. Aquí las personas van a los cementerios a realizar ofrendas y altares en las tumbas de sus seres queridos, empezando por poner hermosas servilletas bordadas para ahí depositar la comida que le gustaba, flores, velas y cirios en torno a la tumba. Terminado el arreglo de la tumba, se vela al difunto con cantos y rezos purépechas de dulce y musical cadencia que imploran por el descanso de las almas y la felicidad de los que quedan en la tierra, la ceremonia concluye a las 5 o 6 de la mañana del día dos de noviembre.
La Cultura Totonaca se asentó al norte del estado de Veracruz en los límites con el estado de Puebla, para ellos el día de muertos inicia el 18 de octubre y concluye el 30 de noviembre, teniendo 42 días para prepararse y festejar la visita de las almas de sus difuntos. El investigador del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana Crescencio García Ramos, ha realizado una ardua labor de investigación con las comunidades totonacas de su estado para dar a conocer los preparativos de esta celebración, pensamientos que ha plasmado en “La festividad de los muertos entre los totonacas. Creencias y costumbres funerarias totonacas. Podemos citar una frase de este investigador que dice: “La muerte es un requisito para volver eternas y puras a las almas, y que éstas, a su vez, puedan apoyar la vida de los hombres, porque esas almas nos ven, nos oyen y nos sienten, es por eso que desde los primeros días de los preparativos de las festividades a los muertos los mayores aconsejan a los niños que se porten bien porque ya vienen las almas de los difuntos”.
El Ninín “los muertos”, es la celebración mortuoria de los Totonacas, para ellos la muerte es el inicio de otro ciclo de vida, un período renovado. El totonaca se prepara toda su vida para la muerte, ejemplo de ello tenemos que cuando una persona fallece, se le sigue colocando su comida tres veces al día como si estuviera vivo hasta el octavo día, es decir, se le da tiempo para despedirse de él de manera definitiva y el alma o “lístakni” retorna al cabo de un año en la fiesta del Día de Muertos.
Los Totonacas creían que de acuerdo a la forma en cómo se muerte, las almas van a dos lugares distintos:
- Si se muere en forma natural, las almas van directamente al Oriente, lugar de descanso.
- Si se tiene una muerte violenta, el alma tiene que pasar por un proceso de purificación, es decir, tienen que ir al norte, a los dominios del señor del trueno “Qoló Aktsin” (trueno viejo), quien se adueña de las almas para que caven arroyos y causes de ríos, una vez que cumplen con su tarea, son enviadas al Poniente al reino de Linin (dios de la muerte) que se quedan con las almas por cuatro años, después las deja ir al Oriente atrás del sol o “Chichiní” lugar donde se dirigen las almas purificadas.
Los Totonacas consideran que las estrellas del cielo, son las almas purificadas cuya labor es apoyar al sol para que no sea vencido por la muerte.
El 18 de octubre día de San Lucas, inicia las festividades de los muertos y este día se recuerdan a las almas de los ahogados quienes traen los vientos y fríos por lo que se acostumbra en las comunidades prender cohetes o tocar las campanas tres veces al día para guiar a las almas a sus pueblos. A partir de esta fecha hasta el 30 de octubre las familias tienen un proceso de preparación para recibir a sus muertos comenzando con el adorno del puchaw o altar.
El 31 de octubre llegan las almas de los niños difuntos quienes se van el 01 de noviembre al medio día cuando llegan las almas de los adultos que se retiran el 02 pero no de forma definitiva.
En los días 8 y 9 de noviembre se celebra el “Aktumajat” (octava), festividad donde se despide a las almas de los difuntos que murieron en forma natural, se vuelven a colocar más ofrendas en el altar y se le despide con un rosario. Y para el 30 de noviembre, festividad de San Andrés, se despiden a las almas de los muertos en forma violenta, encaminando sus almas al cementerio con grandes ofrendas, música, cantos y bailes.








