SAL DE TU CIELO: Día 17, “Has dicho mi nombre”

Oír nuestro nombre nos abre los ojos, nos dice que Dios nos conoce, que le interesamos, que nos ama.

Por: P. Guillermo Serra.

Fuente: Catholic.net

  • En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Breve silencio para ponerse en presencia de Dios, rogando a María Santísima sea nuestra compañera y guía en este camino hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.

  • Oración Camino a Belén.

Querido Niño Jesús: Te quiero hacer presente aquí, en este rato de oración. Muchas veces pienso en ti, me acuerdo de ti, pero no te pienso. Pensarte es quererte y quererte es buscarte. Sí, quiero buscarte, caminar hacia ti, pero sabiendo que Tú me buscas siempre primero. Quiero recorrer este camino de la mano de María, tu madre, sostenido por el auxilio del Espíritu Santo, para que tu Amor se revele en plenitud dentro de mi corazón en esta Navidad.

Nuestro creador y Redentor nos pronuncia, y pronunciándonos nos revela quiénes somos y quién es Él. La verdad nos revela nuestra verdad; la Vida nos da la vida; el Camino se nos hace camino y se presenta lleno de amor. (Sal de tu Cielo. Cap. 2.17)

  • Reflexión.

Oír nuestro nombre nos abre los ojos, nos dice que Dios nos conoce, que le interesamos, que nos ama. Él lleva nuestro nombre tatuado en la palma de su mano (Is 49, 15-16).

¿Cómo fue que llegué aquí a la cueva de Belén? ¿Por qué estoy yo delante de ti Jesús, cuando tantos hombres te ignoran o te olvidan? No son mis méritos, sino tu gracia; no es que yo te haya buscado, sino que Tú me buscaste a mí, me llamaste por mi nombre.

Y en mi nombre está contenida toda mi realidad, no sólo lo que me atrevo a mostrar, aquello de lo que me siento satisfecho o lo que en el mundo implica mi nombre, mi fama o mis logros.

No. Para ti, mi nombre comprende también mi debilidad, mi miedo, mis secretos y mis amores más escondidos. Y es en ese contexto que me has llamado. No me llamas por ser digno o perfecto, me llamas porque me amas. Y cuando me extravío, como a la oveja perdida, me llamas con más fuerza. ¡Cuánta seguridad debo sentir al saber que estás pendiente de mí!

Confío en ti y quiero que me llames, que me grites, que nunca dejes de buscarme.

  • Oración.

Me dijeron.

Una tarde de soledad y cansancio.

Una cruz que se abandona.

Un silencio que regresa.

Un adiós de alguien muy amado.

 

Me dijeron que estás vivo.

Me dijeron que a mi lado siempre estás.

Me dijeron que la paz es Tu Promesa.

Me dijeron que en brazos me cargabas.

 

No sé si creer este mensaje.

Tantas decepciones como heridas.

Muchos vienen y se van,

dejando ideas y promesas.

 

Me dijeron que los sordos oyen.

Me dijeron que los paralíticos se mueven.

Me dijeron que alimentaste a miles.

Me dijeron que el agua ahora es vino.

 

Escucha, Jesús, mi palabra y devuélveme el oído.

Toca mi corazón y deja que se mueva hacia Ti.

Dame Tu Pan de Vida y fortalece mi esperanza.

Déjame beber el Vino de Tu Amor.

 

Me dijeron, pero ahora digo porque sé.

Me dijeron, mas ahora, te escucho y te puedo ver.

Me dijeron, pero hoy quiero gritarte.

Gracias, Señor, porque me has llamado por mi nombre.

Del libro Jesús a mi alma. P. Guillermo Serra, L.C.

  • Propósito.

En mi carta a Jesús escribiré mi nombre en letras grandes, pensando en que Dios me soñó, me creó y me ama justo como soy. Consciente de que mi nombre está en su Corazón y su Corazón está en mi nombre, confiaré y me dejaré pronunciar.

 

 

 

 

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